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ENRIQUE LÓPEZ • ELECCIONES RECTOR 2004
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PIDO UNA LEY DE FINANCIACIÓN UNIVERSITARIA · Norte de Castilla · (29 abril 2004)
ENTREVISTA A ENRIQUE LÓPEZ · Nuria González · Diario de León (1 mayo 2004)
SALTO CUANTITATIVO Y CUALITATIVO · Paco Mora · Diario de León (1 mayo 2004)
ALERTA EN LA UNIVERSIDAD · Angel Alonso · Diario de León (29 abril 2004)
LA HORA DE LA CIENCIA · Federico Mayor Menéndez · El Correo (21 abril 2004)
LA CRISIS FINANCIERA DE LA ULE · Tribuna del Diario de León (23 abril 2004)
PLAN ESTRATÉGICO · Diario de León (20 abril 2004)
OTRA UNIVERSIDAD ES POSIBLE · Tribuna en el Diario de León (10 abril 2004)



Pido una ley de financiación universitaria
Entrevista del Norte de Castilla a Enrique López
JOSÉ MANUEL LÓPEZ
29 abril 2004

Enrique López, uno de los candidatos a la Rectoría de la Universidad de León, ha cimentado sobre tres pilares las más de ochocientas propuestas concretas para mejorar la calidad asistencial y el trabajo tanto de profesores y posgraduados como alumnos y personal de administración que recoge su programa que hará público en las próximas horas bajo el lema 'Sé egoísta, quiere lo mejor'.

Una de estas propuestas es la convergencia hacia Europa. A este respecto, Enrique López cree que Ángel Penas ha perdido cuatro años muy importantes en el camino hacia la convergencia hacia Europa. Y una buena parte de las acciones, que concibe como compromisos, tendrían por objeto la generación de puertos que faciliten este tránsito. Un caso evidente es la situación con la que afrontan los universitarios las becas Erasmus; la mayoría de los españoles que acceden a ellas necesitan ayuda de sus familias, algo que no sucede con el resto de las instituciones académicas europeas.

El segundo, uno de los transcendentales, es la calidad. Europa camina hacia una universidad de calidad pero mientras en Castilla y León el gasto por alumno y año es de 2.324 euros, en la práctica totalidad del resto de la Unión la media ronda los 10.000 euros, lejos aún de la cifra de 40.000 euros que López entiende como media óptima en la que, a su juicio, es la infraestructura más importante de este siglo: el conocimiento. Dice López que una buena universidad puede ahorrar muchos miles millones de euros a la sanidad con una buena prevención. Por ello ve imprescindible la negociación de una ley de financiación gestada por las cuatro universidades públicas con la Administración regional.

Convergencia y calidad
Todo este esfuerzo, convergencia y calidad, deben ligarse al tercero de los postulados que encabezan la génesis de la propuesta de Enrique López, como punta de iceberg del equipo que le acompaña, una universidad que debe formar e innovar para dar respuestas convincentes a la sociedad que la cobija. Algo difícil de articular ahora, entiende el candidato, por el carácter piramidal, oscurantista y personalista, subraya, del actual equipo rector en el que «no se hace nada sin el consentimiento previo del rector; estamos gestionando la universidad del siglo XXI con postulados del siglo XIX».

López recuerda que es la primera vez que puede votar toda la comunidad, tanto los 16.000 universitarios como los 1.500 trabajadores que integran el profesorado y el PAS, personal de administración y servicios, algo que no cree que sepan toda la comunidad ante el escaso eco que muestran los órganos de información del actual equipo rectoral.


Investigación y docencia
Enrique López González, (León, 1960), comparte con el actual rector, Ángel Penas -a quien aspira a sustituir en las urnas el 18 de mayo-, que ambos han desarrollado toda su carrera de alumno a catedrático en la Universidad de León. Es casi lo único. Con 21 años, entonces el más joven de España, ya era profesor de Economía Financiera en Oviedo, en donde desarrolló el segundo ciclo, el único lapsus fuera de León, hasta que se constituyó la facultad leonesa. Fernando Becker, su maestro y mentor, le animó a optar a la plaza en León y de ahí hasta que en la Navidad del 2003 decidió gestar su candidatura a rector en León. Su vida profesional refleja una intensa actividad en la investigación y en la docencia, que le ha conducido a varias universidades europeas y latinoamericanas.

José Manuel López
Norte de Castilla



Mostraré que la universidad es la clave del desarrollo de la ciudad
Entrevista del Diario de León a Enrique López
NURIA GONZÁLEZ
1 mayo 2004

Enrique López ha presentado su candidatura a rector de la Universidad de León por ambición, pero sobre todo, por vocación, porque según dice, la universidad corre por sus venas. Apuesta por un modelo descentralizado y que no tenga nada que ver con la autarquía que recorre cada pasillo del Rectorado actual. Una apuesta agresiva que dispone de un vehículo de canalización y de exposición de sus ideas, la web www.elopez.org.

—¿Por qué se ha decidido a afrontar este reto?
ENRIQUE LÓPEZ. Hay una condición humana que es la ambición, yo creo que hay que hacer cosas, creo que esta universidad no camina hacia el futuro, camina hacia sí misma, nuestro ancho de vía no es Europeo, es autarquico. Yo creo que hay que hacer cosas pero tiene que haber una vocación de servicio. Hay que frenar en seco la forma actual de hacer universidad. Un grupo de personas ha entendido que por mi perfil personal, juventud, dinamismo y reconocimiento académico yo debía liderar este proyecto. Este es un reto formidable porque yo vivo la universidad cada día y el camino por el que se está desarrollando la actividad universitaria es muy pobre. Es un equilibrio entre ambición y vocación de servicio. He estado vinculado a la universidad los últimos 20 años pero también he sido gestor y director de la Otri cuando se realizó el Pacto por León.

¿Cómo ve la Universidad actual?
ENRIQUE LÓPEZ. El desarrollo en los últimos cuatro años ha sido escaso. Hemos entrado en una inercia que lleva a cercenar al futuro. Hay un efecto guadaña claro, se ha condicionado la expansión de la ULE, se toman decisiones opacas que perjudican a la institución. Aquí lo que ha habido es una cierta corrupción, se ha especulado cuando la función de un rector no es la especulación sino hacer las cosas correctamente. Hasta aquí hemos llegado. Una de las claves de mi campaña electoral será mostrar que la universidad es la clave del desarrollo de la ciudad. La universidad es mejor socio tecnológico que tiene León. La Universidad está en un dique seco, hay que entrar en el ancho de vía europeo y hay que conseguir que León y Ponferrada sean ciudades del conocimiento y la innovación. León tiene que ser una región de aprendizaje, apuesto por un proyecto bicampus, es decir, que León y Ponferrada tengan la misma importancia y deben de ser las áreas de innovación. La ciudad de León se tiene que transformar en un modelo de ciudad de la innovación.

¿En qué líneas se centra su programa electoral?
ENRIQUE LÓPEZ. Es un programa de acción que se basa en tres ideas clave. La universidad que nos gusta pasa por la transparencia, el diálogo y el consenso y abogo por la universidad como ciudad del conocimiento; la segunda idea es la innovación. No se puede proponer innovación y estar anclado en el siglo pasado que es lo que ocurre con el actual rector. Sólo hay que ver la web institucional para percibir que tenemos una concepción muy anquilosada.

¿Cuáles son las debilidades actuales de la Universidad de León?
ENRIQUE LÓPEZ. El modelo de gestión actual es absolutamente arcaico cuando tenemos talento, una fortaleza básica de la universidad. Hemos hecho un análisis de las debilidades, amenazas y oportunidades básicas que tenemos, como el compromiso electoral de José Luis Rodríguez Zapatero de construir el Inteco. La centralización actual dificulta la solución de problemas. Entre las debilidades principales está la falta de innovación porque la Universidad actual es un reino de taifas.

—¿Cómo es la universidad que propone usted?
ENRIQUE LÓPEZ. Para lograr la universidad que queremos hemos diseñado un plan estratégico donde se recogen las iniciativas de futuro como la estabilidad del profesorado, la recuperación de la presencia social, optimizar la gestión o realizar una política de personal eficaz. Tenemos una serie de compromisos de gobierno que van dirigidas a los estudiantes, al profesorado y al personal de administración, analizamos sus problemas y les buscamos la solución, acompañado de una serie de acciones instrumentales dirigidas específicamente a cada sector. Son un total de 800 propuestas en las que no nos olvidamos de la docencia, donde hay más de 170 medidas, de la investigación o de la proyección internacional de la ULE. Son propuestas para una nueva forma de hacer, para un nuevo impulso de esta institución académica.

¿Cómo va a organizar la campaña electoral?
ENRIQUE LÓPEZ. La idea fundamental es buscar debate e intentar facilitar diálogo y acuerdo. Es necesario escuchar todos los planteamientos y mi compromiso es establecer una primera opción de programa pero es muy probable que mi compromiso final aumente en otras acciones. Quiero hablar con todos los colectivos y no sólo dentro de la propia ULE sino que haré llegar mi programa a instituciones y entidades.

¿Estaría dispuesto a pactar con alguno de los otros candidatos?
ENRIQUE LÓPEZ. En tal caso pactarán entre ellos, eso será posible. Pero yo la única posición que contemplo es mi definición de proyecto de futuro que es una forma de hacer muy distinta a la que existe en la actualidad.

¿Con qué esperanzas acudirá a las urnas?
ENRIQUE LÓPEZ. No es ni posibilismo resignado, ni utopía, ni con ilusión desbordada. Lo que tenemos es coherencia y pragmatismo y yo creo en el talento que tiene la ULE. Hay una serie de retos que hay que valorar frente al modelo autárquico actual. Tenemos ilusión y confianza y vamos a utilizar la democracia. Lo único que pido es luz y taquígrafos. Nuestra apuesta es a favor de la claridad.

LOS ADVERSARIOS
«Espontáneos y sin programa»
De José Ángel Hermida dice que no ha hecho una reflexión seria de lo que es la universidad; de Penas, que se ha dedicado a otras cosas que no son precisamente el buen gobierno. «Hay quien dice que mientras yo elaboro mi programa, los demás se dedican a comprar votos», a lo que añade que hacer propuestas «lleva mucho tiempo».

EL CANDIDATO
«Simpatizante de Zapatero»
Afirma rotundamente que su candidatura no está avalada por ningún partido político y que su única afiliación es pertenecer a una serie de asociaciones científicas. Sin embargo, sí reconoce cierta simpatía por José Luis Rodríguez Zapatero. Quizá por eso espera la llegada del Inteco como revulsivo para la ULE.

SU EQUIPO
«
Competencia y calidad humana»
Dice que tiene a su lado un equipo joven, competente, con calidad humana y muy comprometido con la ULE, acorde con el modelo descentralizado de universidad que propone. Por eso anuncia que reducirá el número de vicerrectorados «No todos los que formamos el equipo podremos estar ahí», concluye.

EL MENSAJE
«Que busquen la mejor opción»
«Es necesario que la comunidad universitaria acuda a votar, el primer mensaje es que hay que participar aunque hay gente que todavía no sabe que hay elecciones el día 18. Que nadie ejerza su derecho de manera ciega y que analicen que se están jugando el futuro. Que busquen su mejor opción personal. El voto es ponderado, pero todos votamos»

Nuria González
D
iario de León



Salto cuantitativo y cualitativo
Tribuna Diario de León
PACO MORA
1 mayol 2004

LA UNIÓN Europea protagoniza hoy, 1 de mayo, una ampliación de quince a veinticinco países, la más compleja y extensa de las cinco realizadas. Su coste inicial es moderado, pues supone que cada residente de la UE actual aporte 12 euros anuales, que se transferirán a los diez nuevos países comunitarios, pero esa cifra aumentará sustancialmente a partir de 2006, y cuando se incorporen Rumania y Bulgaria acabará siendo de más de sesenta euros. Gran parte de ese dinero saldrá de las fondos que ahora recibe España, el principal beneficiario de las transferencias que salen de las arcas comunitarias para financiar las políticas agrícola y de cohesión. La ampliación al Este supone un salto cuantitativo en la UE (su población crece un 16,5 por ciento, aunque el PIB sólo aumenta un 7 por ciento), y cualitativo, pues nunca las diferencias de renta habrán sido tan grandes. Los países que se incorporan son más pobres y la ampliación recorta casi un 10% la renta media por habitante.

Hoy once comunidades españolas son aptas para recibir fondos estructurales, pero por el efecto estadístico, por acercarse la renta media española a la de la UE, tras las ampliación sólo quedarán Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y Galicia, y con la incorporación de Bulgaria y Rumania probablemente sólo las dos primeras recibirá unos fondos que han llegado a cubrir el 15 por ciento de nuestra inversión pública total. Además, seremos más países compitiendo por las inversiones privadas y por vender en un mercado que hoy ya absorbe casi el 70% de nuestras exportaciones. Hay un peligro evidente de deslocalización, de empresas e inversiones, hacia unos países con unos costes laborales que pueden ser hasta la mitad de los españoles.

Sin cerrar los ojos a los problemas que nos supone la ampliación, un criterio de solidaridad debe llevarnos a aplaudirla. España también fue socio nuevo, y con ayudas financieras comunitarias, implantando tecnologías básicas o media y con costes laborales que eran la mitad de los alemanes, se desarrolló con éxito y en 16 años su renta por habitante pasó a ser el 88 por ciento de la renta media de la UE. Aunque sólo fuera por eso, a los nuevos hay que decirles, ¡bienvenidos!

Paco Mora
D
iario de León



Alerta en la Universidad
Tribuna Diario de León
ÁNGEL ALONSO
29 abril 2004

NO ME ha pillado por sorpresa, se veía venir. Lo que si me ha sorprendido es que se haga a bombo y platillo. Pensaba que la reconversión se iba a hacer de forma velada, aprovechando la famosa reforma de Bolonia. Puede que se haga pero no será con la complicidad de mi silencio.

Un ilustre leonés dijo, cuando vino a recoger la distinción de «leonés del año» recientemente, que León será lo que sea su Universidad. Estoy plenamente de acuerdo. Por lo tanto es preciso que toda la sociedad leonesa se conciencie de la importancia que tiene este asunto. En los próximos tres o cuatro años la Universidad de León se va a jugar su futuro y como consecuencia de ello también se lo va a jugar toda la provincia.

El «plan estratégico de universidades de Castilla y León» que acaba de hacerse público dice que la Universidad de León tendrá que reducir titulaciones. No estoy de acuerdo. ¿Vamos a aceptarlo sin más, sin debatir? ¿Qué somos? ¿Unos meros agentes pasivos que obedecemos órdenes, o unos universitarios comprometidos con la tarea de liderar el desarrollo intelectual, científico y económico de la sociedad? ¿Tenemos o no tenemos autoestima intelectual y capacidad de liderazgo?

La razón última de la reconversión es la reducción de costes. Menos dinero para la Universidad. ¿Por qué? ¿Es que la Universidad no es importante para el desarrollo del país? ¿Quién aportará las innovaciones que está exigiendo la dinámica de la sociedad del conocimiento, y que van a tener un peso importantísimo en el valor añadido de la economía de los países desarrollados? ¿Pensamos que las multinacionales de otros lugares van ubicar aquí sus centros de I+D+I? ¿O es que nos conformamos con tener una economía basada en los servicios?

La Universidad española es pobre. Solo voy a dar un dato de los muchos posibles. Una parte importante del peso en el desarrollo de la Escuela de Ingenierías de la Universidad de León durante estos últimos años ha recaído sobre ingenieros jóvenes, excelentes profesionales, que llevan varios años cobrando una media de 800 euros al mes, mientras los alumnos que ellos forman, cuando salen al mercado de trabajo cobran dos o tres veces más de entrada. Y luego nos dicen que tenemos que ser competitivos. Pido que me den un curso para explicarme como ser competitivos con los recursos que nos han dejado gestionar.

Yo acepto la responsabilidad de tener que rendir cuentas a la sociedad por el uso de dinero público. Pero pido que se nos evalúe teniendo en cuenta todas las condiciones de contorno y sobre todo pido que se tenga en cuenta la libertad que se nos haya dado. No tolero que se nos acuse de las consecuencias de decisiones que han tomado otros. Eso no es honesto.

Si la sociedad quiere que la Universidad actúe de locomotora debe asumir que necesitamos más recursos. Unos recursos que nos permitan situarnos en la frontera del desarrollo tecnológico y científico. Y si además desea pedirnos responsabilidad tiene que darnos la libertad para gestionar esos recursos. Me parece este un buen momento para solicitar este cambio de actitud. La Universidad Española ha hecho durante los últimos veinte años un esfuerzo, a mi juicio, muy meritorio con dos condiciones de contorno muy adversas: la masificación y los pocos recursos. Y todo esto lo hizo para satisfacer una demanda social fuerte de plazas universitarias. El resultado práctico es que quien quiso tuvo una plaza para estudiar en la Universidad. En este contexto de masificación y austeridad nos cayó encima una parte importante de los recortes presupuestarios para converger económicamente con Europa. Menos recursos todavía. Si ya hemos saneado la economía, como se dice, es el momento de invertir en la universidad y de invertir con decisión. Además en esta línea van alguna de las promesas del nuevo gobierno. Por eso digo que es un buen momento para apostar por el futuro, es decir, apostar por la universidad.

No podemos fijarnos sólo en aspectos de rentabilidad económica con parámetros del pasado. Las cosas están cambiando muy deprisa y hay paradigmas que precisan revisión permanente. Si algo queda cada vez más claro es que para abordar proyectos con utilidad práctica se necesitan equipos multidisciplinares. Este hecho impone nuevas condiciones a las universidades que quieran estar en la brecha. Y valga como ilustración un ejemplo de los muchos posibles. Uno de los campos de investigación más activo en la actualidad dentro de las tecnologías del conocimiento es el desarrollo de ontologías. Para hacer una buena ontología no solo hacen falta informáticos, también se necesitan expertos en el dominio concreto y lingüistas.

Y finalmente hay aspectos sociales muy importantes. ¿Qué pasa con el desarraigo familiar y geográfico de quienes inician sus estudios universitarios en otra provincia? ¿Qué pasa con su contribución a la despoblación? ¿Qué pasa con el enriquecimiento intelectual y cultural que supone el tener una oferta amplia de titulaciones con sus alumnos y profesores metidos en el tejido social de la universidad y de la provincia? Podrá discutirse sobre el peso que debe darse a estos valores dentro de un análisis global, pero negarles alguna importancia me parecería intolerable.

Es preciso un debate serio muy serio antes de tomar o de que otros tomen por nosotros decisiones que trunquen nuestro futuro. Me considero con la suficiente autoridad moral como para decirle a la sociedad leonesa que no comparto el análisis hecho por una empresa asesora desde la distancia, sin pisar el terreno, sin conocer parámetros fundamentales de nuestra realidad y de nuestra pequeña historia. Los que llevamos aquí muchos años a pie de obra nos sentimos profundamente dolidos. Hemos hecho una travesía del desierto durísima. Hemos levantado titulaciones a coste cero. Hemos dado clase en condiciones de masificación penosas. Hemos realizado tareas de todo tipo. Hemos buscado recursos debajo de las piedras. Hemos organizado congresos a base de voluntarismo y jornadas de trabajo interminables. Hemos financiado con nuestros dineros viajes a congresos nacionales e internacionales. ¿Qué más quieren?

Confío que se abra un debate en el que se incorporen todos los parámetros importantes, que se escuche a todos los implicados. Si eso no es así y nos asedian mi propuesta es clara: resistencia numantina.

Ángel Alonso
Director de la Escuela Superior de Ingeniería Industrial, Informática y Aeronáutica
Universidad de León



La hora de la ciencia
Tribuna diario El Correo
FEDERICO MAYOR MENÉNDEZ
26 abril 2004

En los últimos tiempos, el debate sobre los avances científicos y sus repercusiones éticas, sociales y económicas está cada vez más presente en los medios de comunicación y en la propia sociedad. La ciencia se percibe cada vez más como una actividad esencial, no sólo para satisfacer la curiosidad intrínseca a la condición humana, sino también como fuente de calidad de vida y como motor del desarrollo económico. En efecto, es en la 'economía basada en el conocimiento' en la que se prevé que basen su crecimiento en el futuro las sociedades más avanzadas, y también los conocimientos científicos deberían cooperar al desarrollo solidario y sostenible de los países emergentes. Esta situación plantea nuevos retos a los gobiernos y administraciones públicas, al mundo empresarial, a los propios científicos y a la sociedad.

A nivel europeo, las cumbres de Lisboa en 2000 y de Barcelona en el año 2002 se propusieron el ambicioso objetivo de convertir a la Unión en «la más competitiva y dinámica economía basada en el conocimiento del mundo», fijando el objetivo específico de alcanzar, para el año 2010, el 3% del PIB en inversión en I+D (a partir del actual 1,9%). Además de los incentivos para incrementar la I+D en el sector privado, es muy importante no olvidar que el apoyo a la investigación básica (financiada fundamentalmente por el sector público) es esencial para garantizar el progreso científico a largo plazo, para poder incorporar el conocimiento generado por otros, para formar y atraer a personal altamente cualificado en muy diversas disciplinas y para mantener la calidad del sistema educativo en su conjunto.

El compromiso de impulsar la inversión en I+D obliga, por tanto, a todas las administraciones a nivel europeo, nacional y regional. Pero no sólo cuánto se invierte, sino cómo, es un punto fundamental. En este sentido, existe un creciente estado de opinión en sectores científicos europeos que considera que el actual sistema de financiación de la investigación básica en Europa es manifiestamente mejorable. Aspectos como la complejidad y burocratización del proceso de solicitud y, en algunos casos, la imposición artificial de las colaboraciones (imprescindibles, pero siempre que se basen en verdaderas razones científicas), restringen las posibilidades de ciertos programas europeos. La propuesta de creación de un European Research Council, con una dotación financiera adecuada y con órganos de gobierno ágiles que garanticen su autonomía y le den credibilidad y confianza entre los científicos, puede ser un avance importante para incrementar la competitividad de la investigación europea de calidad a nivel global, y para configurar una carrera investigadora atractiva que permita formar, retener y atraer a científicos altamente cualificados para los institutos de investigación y las empresas del entorno europeo.

A nivel español, la necesidad de incrementar los recursos para I+D y de replantearse los mecanismos de organización y gestión es aún más acuciante, dado que partimos de una situación en la que nuestra inversión en estos conceptos (aproximadamente el 1% del PIB) es del orden de la mitad de la media europea. España necesita de un gran compromiso político y social para reducir distancias en este terreno y poder contribuir significativamente a la vanguardia del conocimiento. Con esta convicción, un grupo de científicos de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular propusimos hace unos meses la necesidad de un Pacto por la Ciencia, de un gran acuerdo institucional y social que permita plantear un escenario estable de inversión y de reforma a medio y largo plazo que haga posible 'un salto de calidad'.

Ese salto es posible. Disponemos de los recursos humanos potenciales, de jóvenes bien formados y de un cierto número de centros y grupos de investigación de calidad en nuestras universidades y hospitales; el CSIC y otros organismos públicos de investigación, capaces de servir de base para asimilar un crecimiento continuado y tangible de los fondos destinados a investigación, que deberían llegar al menos al 2% del PIB para el año 2010 como objetivo asequible.

Sin embargo, una mayor inyección de fondos es una condición necesaria, pero no suficiente, para ese despegue. Debe ir acompañada de importantes cambios en la organización y la coordinación interinstitucional (a nivel estatal y con las comunidades autónomas), de mecanismos de gestión más flexibles, de interfases más eficientes con el tejido industrial (o con los hospitales y la investigación clínica en el caso particular de la investigación biomédica), de políticas que pongan al día la cuantía de los proyectos, las necesidades de espacio y de nuevos centros de investigación, el acceso a plataformas tecnológicas dotadas de personal técnico altamente cualificado Es particularmente importante un marco adecuado para la carrera investigadora que, como se ha discutido a escala europea, atraiga y retenga a los científicos y en especial a los jóvenes. Nuestro país necesita incorporar más investigadores al sistema de I+D para acercarnos a la media europea. Para ello, hay que ofrecer un horizonte de expectativas de futuro, que ofrezca unas condiciones de trabajo dignas y unas razonables oportunidades de promoción y estabilidad para aquéllos y aquéllas que acrediten una buena labor. El paso adelante que constituye el Programa Ramón y Cajal de contratos de investigadores debe complementarse con otras fórmulas (no necesaria ni principalmente funcionariales) que propicien un sistema dinámico y flexible de incorporación de científicos a las universidades, al CSIC y a otros centros de investigación. También a las empresas, grandes ausentes como destino profesional de nuestros doctores.

Los compromisos plasmados en los programas de los principales partidos políticos, y en particular de aquél que resultó ganador en las recientes elecciones, parecían reflejar en buena medida esta necesidad de tomarse en serio la ciencia, como aspecto crucial para nuestro futuro. Es, por tanto, un momento de esperanza, y también de responder a estas expectativas a través de fórmulas políticas fuertes que puedan liderar e impulsar las reformas y propiciar los acuerdos precisos. Los científicos tenemos la responsabilidad de colaborar en este proceso, con nuestra ayuda y asesoramiento, nuestra opinión y nuestra actitud crítica. La vertebración de la comunidad científica para comunicarse mejor, desde la prudencia y el rigor, y con altura de miras, con la sociedad y con los poderes públicos, y mediante el asesoramiento a los gobiernos y a los parlamentos, es una necesidad creciente. La potenciación de plataformas de análisis, reflexión y propuesta, de encuentro entre los distintos protagonistas del sistema I+D, es también muy deseable, y en este sentido la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) puede desempeñar un importante papel.

Por último, para que este nuevo impulso a la ciencia que deseamos sea realidad es esencial contar con la complicidad y el apoyo de la sociedad. Una sociedad más y mejor informada de las cuestiones científicas, más consciente de las posibilidades y de los problemas de la ciencia (y también de las incertidumbres y de la complejidad que le son propias). Una sociedad que valore la actividad investigadora y demande más inversión y apoyo a sus políticos. Pero también una sociedad más protagonista. Una iniciativa clara de apoyo a la ciencia mediante el reconocimiento de trayectorias de mérito es el Premio DuPont, fundado en 1991 bajo los auspicios de Severo Ochoa y que ahora preside Santiago Grisolía, y que presenta estos días su XIV edición en Bilbao. También las becas y ayudas a proyectos de investigación de fundaciones (como la Ramón Areces o La Caixa, entre otras) son iniciativas necesarias para el desarrollo científico de nuestro país. Pero todavía hay mucho que hacer en este terreno para que las fundaciones privadas, las grandes empresas e instituciones financieras, las asociaciones y los ciudadanos contribuyan directamente, en la medida en que lo hacen en otros países, al fomento, respaldo y reconocimiento de la investigación científica, con una implicación sólida y duradera.

Es la hora de la ciencia. Todos, desde nuestras parcelas de responsabilidad y en la medida de nuestras posibilidades, tenemos que contribuir a que el avance científico sea una realidad y se ponga al servicio del desarrollo de nuestra sociedad y de la calidad de vida en el conjunto del planeta.

Federico Mayor Menéndez
Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular
Universidad Autónoma de Madrid



La crisis financiera de la ULE
Tribuna en el Diario de León
ENRIQUE LÓPEZ
23 abril 2004

DE LA UNIVERSIDAD y sus sistemas de financiación hay muchas formas de hablar y mucho que decir. Se puede conjeturar con diversos fines, pero sólo los datos ciertos son realmente útiles. Son los datos fríos, tal cual se recogen, los que se deducen de los presupuestos e indican que en el del año 2003, por ejemplo, la Junta de Castilla y León transfirió a la Universidad de León (ULE) 42,59 millones de euros, incapaces de atender siquiera los costes de personal, 58,3 millones. Los 63,1 millones de euros a los que ascendía el presupuesto tuvieron que completarse con los precios públicos (matrículas y otros tipos de tasas), un concepto que representó el 20,51% de los ingresos.

En la Universidad de León nada podrá resolverse si no se mejora ustancialmente el compromiso de la Junta con nuestra institución. Y si no se resuelve, la ULE tiene dos alternativas: a) empezar a reducir costes con urgencia y echar el cerrojo a numerosos servicios y titulaciones, con un daño irreparable en credibilidad y calidad; y b) trasladar los costes a las familias vía elevación de los precios públicos y de las tasas. Abrir titulaciones sin la preceptiva contrapartida presupuestaria tiene muchos riesgos. La enseñanza superior, entendida como la resultante de un esfuerzo social compartido, languidece. Avanzamos hacia una liberalización, que en nuestra opinión es absolutamente inviable, mediante el encarecimiento directo de las matrículas para el alumnado y la reducción del compromiso de la sociedad, vía presupuestos, con la universidad.

El mensaje de la Junta de Castilla y León, con sus hechos, es contundente. ¿Incremento de los precios públicos o cerrojo? Es el dilema. La universidad aumenta sus costes de operación en la misma medida que el saber se hace complejo y las estrategias docentes y de investigación se multiplican. Conviene saber cuanto antes de qué parte se está. La sociedad española no pueda liberalizar sus universidades, sencillamente, porque los costes de operación no pueden ser soportados por los presupuestos familiares. En esta situación se impone la sensatez.

La financiación neta por estudiante universitario y año es muy distinta según la comunidad autónoma. En Canarias la Administración regional aporta en sus presupuestos 3.148 euros por alumno y año; en Castilla y León, 2.324. La diferencia, 824 euros, supone para la ULE un déficit anual de doce millones de euros o 48 millones en un cuatrienio. El esfuerzo percápita de Canarias es de 20,34 puntos, 4,92 más que el de Castilla y León (15,42), teniendo rentas per cápita similares. Estamos, por lo tanto, ante una elección política, ante un asunto opinable y opcional.

Si se compara la financiación neta por alumno de Cantabria y Castilla y León, encontramos que allí asciende a 5.347 euros anuales y en la ULE, a 4.076 (según datos de la CRUE -Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas- publicados en 2002). La penalización para la ULE es de 1.271 euros, lo que representa en un cuatrienio un agujero de 72,6 millones de euros.

Los presupuestos hablan con precisión del tipo de sociedad que se promueve. Vivimos en la sociedad del conocimiento, a la que corresponde una estructura económica del conocimiento, deudora del compromiso con el saber. Lo que aquí se debate son los presupuestos de la ULE y su aguda crisis financiera, que también; lo que aquí se debate es lo que queremos ser mañana y el lugar que deseamos que ocupen las futuras generaciones.

La Universidad es columna vertebral de las sociedades modernas. Es una inversión y además estratégica y no puede seguir siendo la perdedora de todas las infraestructuras. España y León, por su PIB, por su renta percápita, por su desarrollo, merecen y necesitan otra universidad.

Quizá ha llegado el momento de reorganizar prioridades. La universidad no funciona a cuerda. El esfuerzo que la Universidad ha realizado en los últimos años ha sido titánico. Una Universidad empalada entre la masificación y las miserables dotaciones presupuestarias. Lo sigue siendo pero no estamos contentos. No estamos contentos con tanta indigencia en medio de un festival de crecimiento económico y fortaleza financiera. Sin infraestructuras y sin dinero para profesorado, dotaciones, instalaciones, investigación, becarios y personal técnico, el compromiso con el futuro y la sociedad del conocimiento se evapora en retórica y buenas intenciones.

La prosperidad y acierto de las naciones está en relación directa con su compromiso con el saber en general y con sus universidades en particular. Olvidar un axioma tan cierto es jugar a la ruleta rusa y dice muy poco del que se aventura en tan peligroso pasatiempo. No hablamos de derechos laborales o sindicales, estamos hablando de futuro con mayúsculas.

ENRIQUE LÓPEZ
Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad
Universidad de León




Plan estratégico
Diario de León
NURIA GONZÁLEZ
2O abril 2004

La Universidad tendrá que recortar carreras para adaptarse a la UE. El Plan Estratégico de la Junta desvela que hay duplicidad de estudios, poca demanda y un alto coste. EL FUTURO
Todos los campus de la comunidad tendrán que reestructurar su oferta académica


La puesta en marcha de varias titulaciones en los últimos años y el afán por que el Campus de León cuenta con una mayor oferta va a obligar a la Universidad leonesa a reestructurar su mapa propio de titulaciones, al igual que ocurrirá en los demás campus de Castilla y León (Valladolid, Salamanca y Burgos). Así se desprende del Plan Marco Estratégico del sistema Universitario de Castilla y León para los próximos cuatro años, que ha elaborado la Junta, y que contiene la instrucciones necesarias para adaptar las enseñanzas que se imparten en la actualidad al proceso de convergencia europea.

El consejero de Educación, Francisco Javier Álvarez Guisasola, presentó ayer este documento a los rectores y presidentes de los consejos sociales de las universidades de la comunidad, en el que se pone de manifiesto que existe un fuerte nivel de duplicación de titulaciones con muy poca demanda y un alto coste de mantenimiento, lo que obligará a las instituciones académicas, entre ellas, la ULE a realizar una importante reestructuración, según explicó Guisasola, fundamental para concluir con éxito el proceso de adaptación al sistema de educación europeo.

El análisis del panorama académico concluya que existe el máximo techo posible en materia de titulaciones al dipsoner los campus de Castilla y León de 110 de las 136 homologadas por el Ministerio de Educación. De ellas, tan sólo dos carreras con exclusivas de la comunidad, Ingeniero Forestal, en la especialidad de Industrias Forestales que se imparte en el Campus de Soria, dependiente de Valladolid, y la de Ingeniero Textil, que se puede cursar en el Campus de Béjar.

Asimismo, se pone de manifiesto que mientras el sistema nacional se orienta a ciclos cortos y enseñanzas de sectores económicos productivos (Ciencias de la Salud y Enseñanzas Técnicas), el de Castilla y León lo está más dirigido a ciclos largos de enseñanzas que no están directamente vinculadas a sectores económicos (Humanidades, Ciencias Experimentales y una parte de Ciencias Sociales y Jurídicas). Además, el número de alumnos ha decrecido en los últimos cinco años hasta un 3,7%.


NURIA GONZÁLEZ
Responsable Universidad · Diario de León




Otra Universidad es posible
Tribuna en el Diario de León
ENRIQUE LÓPEZ
10 abril 2004

LAS ELECCIONES de rector son una oportunidad para mejorar la Universidad. La convocatoria de estas elecciones se produce en un momento de cierre de una etapa y de apertura de otra, marcado en primer término por cuestiones tan relevantes como la implantación, aunque previsiblemente sea revisada, de la LOU y la creación y puesta en marcha del Espacio Europeo de Educación Superior e Investigación.

En realidad, es toda la sociedad la que vive una época de cambio. Lo que ocurre es que la Universidad siempre se ve especialmente afectada por las transformaciones sociales, políticas, tecnológicas o culturales que se producen a su alrededor. Eso es así porque nuestra institución es un espejo de doble reflejo: es el resultado de la sociedad en que se desarrolla, pero, a la vez, influye en ésta de forma determinante para orientarla al futuro, siendo esa doble condición la que profundiza en ella los efectos de los períodos de crisis o de reacomodo social, como en el que estamos inmersos en los últimos años.
La Universidad es en sí misma un elemento central de los cambios sociales: En ella enseñan quienes se encuentran a la vanguardia del pensamiento, de la creación o de la innovación tecnológica que los propician. En nuestras aulas se transmiten los conocimientos más recientes y en nuestros laboratorios y seminarios se experimenta con lo que en poco tiempo cambiará de nuevo el signo de nuestras vidas. En nuestros campus se forman los jóvenes que terminan por dirigir la sociedad, los que asumen las tareas profesionales más complejas. Además, en el ejercicio de su función movilizadora de la inteligencia y transmisora del conocimiento, la Universidad se convierte en protagonista principal e impulsora de los cambios sociales, viviéndolos tan de cerca que siente las convulsiones de la sociedad como si fueran suyas.

Nos encontramos ante un nuevo escenario universitario definido, entre otros, por el descenso demográfico, los crecientes requerimientos formativos del entorno social y el surgimiento de nuevas demandas educativas, con una clara voluntad de los stakeholders en el quehacer universitario; por la pertenencia a la Unión Europea, con el incremento de la movilidad, la estandarización de los sistemas universitarios, el Espacio Europeo de Educación Superior y de Investigación y la acreditación de las universidades; por la contención del crecimiento de los recursos presupuestarios públicos y la aparición de una financiación pública selectiva basada en criterios de calidad, condicionada a los rendimientos y vinculada al cumplimiento de objetivos y la necesidad por el incremento de la capacidad de autofinanciación; por el impacto de las nuevas tecnologías en todo el proceso del conocimiento que suponen el abaratamiento y posibilidad de aplicar nuevos métodos pedagógicos, lo que conlleva la rotura con el modelo formativo tradicional presencial; por una mayor exigencia de los usuarios por transparencia y resultados y por el incremento de la calidad como estrategia de diferenciación y la creciente competencia entre universidades.

En virtud de estos cambios, se está configurando un nuevo paradigma que cuestiona algunos de los antiguos fundamentos de la institución universitaria, suscitando nuevos y complejos retos, que concibe bajo nuevos prismas las funciones universitarias, que establece nuevos modos y condiciones para su desarrollo y que está convirtiendo a las universidades en el desempeño del estratégico servicio social de la generación y la transmisión del conocimiento, en una especie de institución multiobjetivo de cada vez más complejo manejo.

Es un momento, pues, que nos obliga a repensar muchas cosas. Nos enfrentamos a algo más que a un simple cambio en el gobierno universitario. Nuestro entorno nos está obligando a definir el tipo de Universidad que queremos en este nuevo escenario social en el que estamos, las aspiraciones que deseamos alcanzar y los diferentes procesos que hemos de poner en marcha para alcanzarlas con efectividad y acierto. No nos queda más remedio que afrontar estos retos si queremos estar a la altura de los tiempos y de nuestras responsabilidades.

En la Universidad de León todos estos cambios se producen al término de una etapa de gobierno que deja demasiados problemas sin resolver y horizontes por fijar, pero lo grave es que como decía Albert Einstein: “no hay nada que sea un signo más claro de demencia que hacer algo una y otra vez y esperar que los resultados sean diferentes”.

En nuestra universidad, estos cambios no han ido acompañados de la necesaria evolución en las formas y estructura de dirección y gestión. Las formas de entender la dirección de la Universidad, en lugar de cambiar y evolucionar con la propia Universidad, ganando en agilidad y eficacia, se han perdido en procesos de gobierno caracterizados por el arribismo clientelar, en los que la falta de planificación y coordinación entre servicios, los personalismos y amiguismos, el oscurantismo en la toma de decisiones, la penumbra informativa, el temor al debate y contraste de ideas y, en demasiadas ocasiones, la autocomplacencia, han provocado la desorientación, el desánimo, aumentando la distancia entre la dirección de la Universidad y la propia comunidad universitaria y que muchos duden que la Universidad de León sea la mejor respuesta a los sueños de todos los leoneses.

No querría extenderme en esta tribuna haciendo un repaso de las actuales consecuencias que la falta de evolución en las formas y métodos de gestión han provocado. El simple desconocimiento del colectivo universitario de cómo, cuándo y porqué se hacen la mayor parte de las actuaciones de nuestra Universidad es la muestra más evidente de ello.

Pues bien, en este marco de cambio, cobra más vigencia que nunca la propuesta de emprender una renovación inteligente y comprometida de nuestra Universidad, sin caer en el diletantismo ni traicionar nuestras raíces universitarias, que sea coherente con los parámetros de una organización que crea conocimiento, que permita que todos se sientan comprometidos y participen, que ofrezca el espacio a los que tienen iniciativas y permita orientar los esfuerzos de forma eficiente y sostenible. Ha de tratarse de una renovación profunda, capaz de situarnos en la posición de liderazgo científico, social y cultural que, por su historia y su presente, le corresponde a la Universidad de León. A la vez, ha de ser tranquila, pues no puede tener mejor fundamento que el buen hacer cotidiano de todos los que, con nuestro esfuerzo, hacemos universidad día a día. Haciendo nuestro el lema de Isidoro de Sevilla: trabaja como si fueras a vivir eternamente.

ENRIQUE LÓPEZ
Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad
Universidad de León



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ENRIQUE LÓPEZ • ELECCIONES RECTOR 2004 · tel 987 29 1742 · fax 987 29 1742
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